Esplendor, crisis y reconstrucción
de la alternativa comunista
6. El socialismo hacia el comunismo que los comunistas vascos propugnamos
Dentro de esas razones subjetivas existentes para afirmar que el esplendor del comunismo es HOY tampoco vacilamos en afirmar, con la humildad que consiste en decir la verdad, que hay que contar con la fuerza y la tenacidad con la que el Pueblo Trabajador Vasco pelea por su independencia y por el socialismo. El socialismo entendido, por supuesto, sólo como la fase consciente y transitoria que prepara el desarrollo del comunismo
Bien es cierto que en el Movimiento de Liberación Nacional Vasco seguimos la tradición y el principio metodológico de los clásicos marxistas de no hacer utopías futuristas. Es bien sabido que en esos clásicos marxistas no hay modelos prefijados, acabados y sellados como los que, por el contrario, sí se formularon en el socialismo utópico o en el anarquismo.
Sin embargo, aunque mantenemos ese principio metodológico y teórico muy acertado, sí debemos decir y decimos cómo no queremos que sea el socialismo Independentista. Debemos decir y decimos que sabemos los errores que no tenemos que cometer, aunque justo empezamos a saber las cosas que sí tenemos que lograr.
He aquí, por ello, un puñado de principios teórico-estratégicos que intentamos popularizar e insertar en las dinámicas políticas concretas del proceso político vasco y que creemos pueden ser también útiles a nuestros camaradas de otros pueblos:
Nuestro socialismo, antes que nada, ha de romper con la dominación patriarcal, con el imperio del macho, del marido y del monarca. Esta ruptura, que debe prolongarse y profundizarse durante varias generaciones, es una prioridad estratégica, de largo alcance, tan importante como el control obrero, la superación procesual de la propiedad privada burguesa, la socialización de las fuerzas productivas, la nacionalización y control popular de la banca y los resortes financieros, la destrucción del ejército burgués y la creación de un sistema de defensa basado en el pueblo en armas, voluntario e integrador de todos los métodos de resistencia….
Nuestro socialismo ha de basarse en la construcción consciente de otra forma de especie humana, de otro cuerpo, de otra sensibilidad, amor y placer. No debe ser sólo un socialismo que luche contra la explotación asalariada sino también que defienda otro concepto de trabajo y, por tanto, de relaciones humanas, de afectividades e interioridades. Un socialismo que mantenga la visión del trabajo como algo forzoso, duro, alienante y no enriquecedor sería un socialismo incapaz de construir dimensiones omnilaterales y polícromas de creatividad humana. Y por ello la superación del patriarcalismo es imprescindible.
Nuestro socialismo no puede tampoco quedar ceñido al poder de una burocracia parasitaria, enquistada y protegida en y por los aparatos de Estado, partido único, sindicato obligado, asociaciones forzosas de vecinos, juventud y mujeres, entidades controladoras de artistas, científicos y deportistas, prensa sumisa y monocolor. De una burocracia que, acorazada detrás de esos poderes injustos, dicte y ordene todos los aspectos de la vida, colectiva e individual. Del mismo modo que reivindicamos una nueva vivencialidad psicofísica, intersexual y superadora de los roles y géneros, también, a la fuerza por cuanto van unidos, reivindicamos formas asamblearias, consejistas, horizontalistas de intervención popular y obrera.
El modelo de partido único es dañino. Ninguna sociedad puede pretender abrirse a una explosión de creatividad, que es una de las características del socialismo, si está encorsetada por las estrechas mentes de los burócratas enmohecidos. Ningún proceso emancipador, que a la fuerza ha de afrontar toda serie de boicots, cercos, sabotajes y agresiones que no tienen por qué ser pública e inmediatamente militares y guerreras, sino que pueden empezar siendo económicas, políticas, culturales, sanitarias y alimenticias y tecnológicas, puede resistir largo tiempo si no está dirigido conscientemente por el pueblo. Este punto es tan básico como el anterior porque atañe a algo que se olvida casi siempre que se habla de socialismo: mucho más importantes que la estructura política, siéndolo ésta mucho, son la voluntad, la consciencia, la decisión, el llamado factor subjetivo de las masas que se dirigen a sí mismas porque dentro de ellas están las estructuras autoorganizadas.
No menos importante en nuestro socialismo ha de ser la generalización de una forma cualitativamente superior de relaciones con la Naturaleza, con el ecosistema y hábitat nuestro y mundial. El desarrollismo capitalista, el consumismo ciego e irracional y la destrucción de energías y materias finitas e irrecuperables, son hipotecas, cadenas que nos atarán más temprano que tarde a nuevas formas de explotación y por ende suprimirán nuestra independencia nacional. La ecología no es una moda, es una exigencia ético-política. No es un truco capitalista para vender más contaminando en el Tercer Mundo o regiones lejanas, es un sabio ahorro de bienes cada vez más escasos y quebrantados. La ecología no es un somnífero para yuppies atormentados por su mala conciencia sino una práctica colectiva de reunificación de la especie humana con la naturaleza.
Pero la generalización social de modos de vida, de ahorro y reciclaje, de consumo racional e integrado, de descontaminación y de proyectos a medio y largo plazo, semejante tarea esencial a nuestro socialismo, no puede existir si no existe un debate colectivo sobre el criterio de necesidad, de cualidad de vida, de sentido de existencia, de interiorización de las consecuencias acumulativas y sinérgicas en un futuro de nuestros más nimios y en apariencia superficiales vicios consumistas. Todo ello nos remite otra vez a los dos puntos precedentes. Y es que el socialismo es la consciencia llevada a la acción, o no es nada, excepto dogmas y palabras huecas.
Por último, nuestro socialismo no puede darse dentro de los estrechos y castradores tópicos eurocéntricos. O somos internacionalistas a la vez que independentistas, o nada. Así de sencillo. No existe posibilidad alguna de crear una isla de la justicia e igualdad en medio de un océano de opresión e injusticia. Duraríamos muy poco si no estuviéramos dentro de un proceso más generalizado de emancipación. Pero ello nos exige superar nuestros racismos eurocéntricos, nuestras xenofobias occidentalistas. Tenemos que aprender de otros pueblos y civilizaciones, de culturas más "pobres" -¿en qué?- y con otros códigos y parámetros. También hemos de aprender a relacionarnos con las clases oprimidas dentro de la misma Europa, con esas masas cada vez más empobrecidas y maltratadas. En suma, se trata de comprender que nuestro socialismo no puede repetir el error estratégico del llamado "socialismo en un solo país", lo que nos lleva a desarrollar estrategias y tácticas de desconexión paulatina, procesual pero valiente de los centros imperialistas. Es posible y es necesario.
El internacionalismo no es sólo una maniobra de supervivencia y un recurso egoísta de pedir ayuda. Es antes que nada una nueva concepción de la unicidad del mundo, de la pertenencia de todos los pueblos a la misma especie humana, de la existencia de una misma problemática y de un mismo enemigo. Es por tanto una concepción nueva, filosófica e histórica, humanista y ético-moral. Concepción esencialmente unida a la ecologista por cuanto ambas parten de los mismos problemas, contemplados desde otra perspectiva y campo de acción, para coincidir en los mismos resultados prácticos. Concepción esencialmente democrática por cuanto se opone y lucha contra todo poder, esté donde esté y se disfrace de la cultura que sea. Por último, dado que replantea desde otra visión la escisión de la especie en sí y consigo misma, abogando por una radical unicidad, por ello mismo es incompatible de facto con el patriarcalismo.
No debería sorprender a nadie la clara interrelación teórica y práctica de los cuatro puntos descritos. No podía ser de otra manera. El socialismo es una totalidad multicolor que asciende por el arco iris de la conciencia emancipada. Sus tonalidades y matices son infinitos, su belleza es única.
Es así como los comunistas vascos estamos pensando el socialismo que tenemos que construir. El socialismo que sea, repito, la fase consciente y transitoria que prepara el desarrollo del comunismo.
(Esta descripción de los principios teórico-estratégicos sobre el socialismo que los comunistas vascos propugnamos reproduce casi textualmente parte de un trabajo de Iñaki Gil de San Vicente titulado Independencia y socialismo publicado en la web de la RED VASCA ROJA, trabajo cuya lectura recomiendo calurosamente).